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10 consejos para ser un buen hijo

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10 consejos para ser un buen hijo

Mensaje  Miller el Sáb Jul 23, 2011 12:22 pm

Aquí van algunos consejos prácticos que te ayudarán bastante. ¡No te los pierdas!.
¿Te has preguntado alguna vez lo que implica ser un buen hijo y cómo conseguirlo? Si estás pasando por una de esas crisis, te doy algunos consejos que he llamado "El Decálogo para ser un buen hijo", espero que te sirvan.


1. – Quienes más te quieren
Tus padres son las personas que más te quieren en este mundo. Puede que a veces no te lo parezca, es algo propio de tu edad, pero es una verdad como un templo: nadie hace por otra persona lo que unos padres hacen por sus hijos.

Tienen sus defectos (¿quién no los tiene?), que son parecidos a los tuyos. Por eso, a veces, es más fácil que os enfadéis. Pero ellos te disculpan, te defienden, te perdonan.

Lo que ocurre en la adolescencia es que esto no está nada claro.

2. – Lo que han hecho por ti
Tus padres, con una intervención divina muy especial, te han dado la vida, el don mas preciado que tienes. Eres una persona única, irrepetible pero... te pareces a ellos más que a nadie, por razones genéticas y porque son las personas que más cerca han estado de ti (tus modelos) durante la infancia.

Les debes el alimento (te guste o no... pero casi siempre mamá te pone la comida que te gusta y a la hora que quieres), la ropa que usas (aunque haya discusiones al comprarla), la casa en la que vives, los muebles de tu cuarto, la paga, el móvil, la minicadena, la TV, la bici o la moto, las zapatillas y el equipo de deporte... las facturas del dentista, del médico, del colegio, de... ¿Has calculado cuánto cuestas al año a tus padres?

Y eso es lo de menos. Les debes innumerables detalles de cariño (un amigo mío, hace muchos años, pensaba que a su madre le encantaba la cabeza del pescado... ¿entiendes?), noches en vela o durmiendo unas pocas horas (trabajando a la mañana siguiente, durante semanas...), te atiende cuando estás enfermo, noches sin salir de casa porque tenían que cuidarte, la ayuda en los problemas que tenías cuando eras niño, durante diez u once años y ahora quizá no pueden hacerlo porque no les dejas.

¿Por qué no repasas en el evangelio de san Lucas 15, 11-32 la parábola del hijo pródigo? ¿Dónde voy a estar mejor que en casa de mi padre?

3. - Pues mis padres no son así
Todo esto está muy bien pero es que ¡mis padres no entienden nada!, me lo prohíben todo, no me dejan en paz, yo quiero vivir mi vida y que me dejen tranquilo.

Es muy normal que a veces, no siempre, pienses así.

Todos lo hemos hecho ente los 12 y los 18 años, más o menos. Ya hablaremos de la adolescencia.

Acabas de estrenar tu libertad, tu personalidad se está perfilando y ocurre lo mismo que cuando se estrena un coche: el más mínimo arañazo es una tragedia... Luego la vida va limando estas pequeñas cosas, y uno no se enfada porque le han hecho una pequeña faena.

Te cuesta aceptar tus limitaciones (te gustaría portarte como un hombre y a veces eres como un crío pequeño, caprichoso y egoísta), y las limitaciones de los demás...

Tus padres son como son y no como te gustaría que fueran. Has de aceptar las limitaciones de los demás, y entender que la vida lleva consigo dolor, incomprensión, que no puedes hacer lo que te apetezca.

Tus padres sufren por verte así y tú también. Te preocupa el no entenderte con ellos como cuando eras más pequeño. Pero no te dejes llevar por los sentimientos, y piensa. Verás que tus padres llevan algo de razón (si no toda). No te cierres, habla con ellos a solas y os iréis entendiendo poco a poco.

4. - Mantenles informados
Cuando eras un niño, tus padres estaban constantemente preocupados por ti. Dónde estabas, qué hacías, se consideraban obligados a estar pendientes de ti y hacían bien.

Luego has ido ganando en autonomía y están pendientes de ti, pero más a distancia, aunque a ti te parezca que te vigilan implacablemente.

Ahora eso te hace rabiar y si antes contabas en casa todo lo que hacías en el colegio, en la calle, ahora... contestas con monosílabos o de malos modos (¿Dónde has estado? ¡Por ahí!) a las preguntas normales que te hacen porque están preocupados por ti.

Cuéntales en el momento oportuno lo que haces y da detalles. A veces, tendrás que hacerlo a solas (“luego te contaré”)... pero hazlo.

Comprenderás que ellos estén preocupados si miras a tu alrededor, lees el periódico o te fijas en alguno de tus amigos o compañeros. ¿Qué harías tú si fueras sus padres?

No les mientas. Si en alguna ocasión excepcional crees que no debes contar algo guarda silencio o pon una excusa y pregunta a alguien de tu confianza si lo debes contar o no. Pero, de entrada, cuenta todo en casa. Dile a tu padre que te lleve a dar una vuelta, os tomáis algo y le cuentas.

5.- De buenas maneras
Conseguirás más por las buenas que por las malas. Tienes que ganarte su confianza y pedirles perdón si alguna vez abusas de ella.

Acostúmbrate a pedirles consejo: eso les encanta y acabarás consiguiendo lo que deseas, si es razonable. No es mala cosa ser pillo: aprovechar un buen momento para pedir algo que te interesa.

No disfraces las malas noticias: más vale que tus padres se enteren por ti que vas a tener tres, que piensen que vas a aprobar todo. Luego llegan las notas y…

Si algo se rompe por tu culpa, si la pifias de alguna manera, si hay una mala noticia que comunicar, da la cara y no esperes a que se enteren por otros medios. No acuses (y menos falsamente) a tus hermanos, ni eches la culpa a otros: tus profesores, tus amigos…

6.- Ayuda en casa
Si tus padres te han dedicado tanto tiempo, esfuerzo y cariño, es justo que correspondas en la medida en que puedas (y puedes bastante).

No consientas que mamá te haga la cama, recoja tu ropa sucia, ordene tu cuarto: eso debes hacerlo tú. Y limpia el baño después de usarlo.

Colabora en las tareas de la casa: ayuda a poner la mesa, a recogerla, aprende a fregar los platos, incluso a preparar comidas sencillas. Prepárate tú la merienda, el bocata... sin vaciar el frigorífico y sin desordenar lo que haya dentro.

Bajar la basura con buena cara y sin que te lo repitan más de tres veces tiene mucho mérito.

Adelántate y haz pequeños servicios sin que te los pidan o tengan que gritarte: bajar a por el pan, atender el teléfono, la puerta, pasar la aspiradora ¡a conciencia! No te hagas el loco cuando hay que hacer un recado: ofrécete voluntario.

Si sois varios hermanos, podéis repartiros los encargos, pero tú suple lo que no hagan los otros: eso no es hacer el primo sino dar ejemplo.

No importa que cedas tus “pequeños derechos” ante los demás: no pretendas imponer tus gustos, el programa de TV que te interesa, la llamada telefónica que no puede esperar….

7.- ¿Qué pasa con el dinero?
Aunque tus padres disfruten de una cómoda posición económica, lo que sigue tiene igual valor. No te crees necesidades artificiales, en su mayor parte fruto de la propaganda y del querer ser como los demás. No es verdad el dicho “tanto (dinero) tienes, tanto vales”. Una persona vale por lo que es, no por lo que tiene.

¿Por qué no haces una lista de cosas que tienes y no necesitas? Te quedarás asombrado: el móvil, las zapatillas y la ropa de marca, los innumerables bolis que tienes a medio usar… cachivaches inútiles. No consientas que te pongan una TV en tu cuarto, no seas señorito.

Si es posible, utiliza la ropa de tus hermanos mayores, si a ellos no les sirve y está en buen estado. Cuida las cosas para que duren. No malgastes papel, bolígrafos, lápices, rotuladores…

No te gastes el dinero inútilmente en chucherías, por ejemplo, o para presumir ante los amigos. Nunca tomes dinero de casa sin permiso de tus padres. Ahorra algo de lo que te den tus padres o familiares.

Trabaja en vacaciones y gana algún dinero. No lo guardes todo para ti y gasta algo en regalos sencillos para las celebraciones de cumpleaños de tus padres y hermanos. Recuerda que tienes obligación de ayudar a la Iglesia y ser solidario con los que tienen menos que tú.

8. Es que mi familia es diferente
Desgraciadamente, es posible que en casa haya problemas, discusiones, que tus padres no sean tan ejemplares como deberían ser, incluso que la familia se rompa. Son situaciones que te causarán mucho dolor, pero no te dejes vencer por los problemas: afróntalos.

Quizá directamente no puedas hacer mucho pero tienes que seguir portándote bien, ahora más que nunca y contribuir a la buena marcha de la situación familiar. Al menos, no contribuyas a empeorarla.

Si no te crees con la suficiente confianza con tus padres, acude a una persona mayor que te aconseje y te ayude a adquirir esa confianza, hablando con ellos en tu nombre, explicándoles lo que tú no te crees capaz de decir.

9.- Un viejo adagio
En casa de un amigo, tuve ocasión de leer un pergamino que decía lo siguiente.

A los 3-4 años, mi padre es como un dios.
A los 8-9, mi padre es el mejor hombre que conozco.
A los 10-11, mi padre es muy bueno, pero tiene defectos.
A los 13-15, mi padre es idiota.
A los 18, mi padre tiene razón en algunas cosas.
De los 25 a los 35, voy a preguntar a mi padre.
A los 40, me gustaría ser como mi padre.
A los 60, ¡si viviera mi padre!
Aplícate el cuento

10.- Tu padre Dios
Dios te quiere más de lo que todas las madres del mundo juntas pueden querer a sus hijos. Siempre puedes recurrir a Él (recuerda que el Padrenuestro es la oración que nos enseño Jesús).

Pídele que sepas cumplir con tus deberes como hijo, que te ayude a comportarte como lo hizo el Señor.

Y reza todos los días, ofrece la Santa Misa, la Comunión, el rosario por tus padres y hermanos, por toda la familia.

Ya sé que te he puesto las cosas muy difíciles. No se trata de que hagas todo lo que aquí se dice al 100%, sino de que lo intentes, que luches por conseguirlo. Imagen :


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Miller
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